viernes 13 de noviembre de 2009
Por aquel entonces existían varios centros en el pueblo:
- Ermita de San Bartolomé: colegio con una sola aula para niños y un patio a la derecha del edifico que servía de recreo. Era de los centros más antiguos.
- Colegios de la Fuente Nueva (San Sebastián): lo formaba una antigua nave con techos de palos, en la que había 4 aulas y era para niños
- Colegio de los Portales: escuela mixta, pero como todos los de la época separados por completo. Un edificio era para los niños y otro para las niñas, cada uno con tres aulas y dos patios para cada centro. Ni siquiera estaban comunicadas las ventanas de las aulas de los niños con el patio de las niñas y viceversa.
- Colegio del Parque: colegio de niñas situado en el actual centro médico. Se accedía por la puerta actual que comunicaba con un patio y en cada esquina del edificio un aula (en total 4).
- Colegio del Barrillo: colegio mixto, localizado en la parte baja del recinto ferial. Era también de los más antiguos y fue poco usado. Algunas de las viviendas que ser construyeron para los maestros ni siquiera fueron estrenadas.
La jornada para un pequeño de la época comenzaba a las 9 de mañana y se desarrollaba hasta la 1 de la tarde, para hacer una pausa y volver por la tarde de 3 a 5 de lunes a viernes y jornada matinal el sábado, cuyo día debían de rezar el rosario las niñas. Mientras que ellos acudían con ropa de calle, ellas vestían babi blanco con lazo al cuello azul. 
No había como hoy actividades escolares o excursiones pero sí mucho respecto por el maestro. Cuando alguien entraba en clase, todos los alumnos se levantaban y saludaban.
Muchos fueron los maestros que pasaron por los colegios de Rociana. Maestros para los niños y Maestras para las niñas. De los más mayores que había a principio de los 60 estaba Don Segundo, nativo del pueblo. Daba clases en la ermita de San Bartolomé. Por ser mayor era del lema: la letra con sangre entra. Y los niños que no se sabían sus lecciones eran castigados con reglazos en las manos o en el culo. Cuando no tenía regla de madera una simple vara de olivo servía. De maestras estaban Doña Victoria que era la directora del colegio del parque y su aula era la ermita de San Sebastián, tenía además un huerto en el patio del recreo. Otra maestra de las mayores y por tanto de las que más castigaba era Doña Cochita. Esta señora parece ser que no era muy buena maestra, prestaba poca atención en su trabajo y era también del lema: “la letra con sangre entra”.

Fotos: Juan Ramírez y Juan Hernández





















