martes, 13 de febrero de 2007

50 años del Toro de Osborne

Acaba de cumplir 50 años y su imagen está más de moda que nunca, hoy en día es frecuente ver innumerables coches, tatuajes, prendas de vestir o incluso banderas españolas que llevan insertadas el famoso “Toro de Osborne”. Pero este, como todo, tiene un origen y un creador.
Fue en 1956, cuando las Bodegas Osborne encargan a Manuel Prieto, creativo de la agencia de publicidad Azor, el diseño de un “símbolo” que sirviera para representar el Coñac Veterano (hoy en día Brandy).
Se decide que ese símbolo sea un toro bravo, animal muy representativo de la zona, la masculinidad y de España.
Un año después comenzó a colocarse las primeras vallas de madera y con una altura de 4 metros. Con el paso de los años el tamaño del toro bravo de Osborne fue cambiando sus dimensiones y materiales de construcción. En 1961 eran de chapa y medían 7 metros de altura y un año después pasó a medir el doble.
Poco a poco fue tomando parte del entorno natural de las carreteras, llegando a instalarse más de 500 toros por toda la geografía española. En la actualidad quedan 90 toros. En 1988 se aprobó la polémica ley general de carreteras, en el que se “obligaba” a retirar todas las vallas publicitarias de la red de carreteras, entre ellas los famosos “Toros de Osborne”. Hubo un autentico debate en los medios de comunicación e indignación de muchísimos ciudadanos.
Finalmente el Toro de Osborne no se retiró de las carreteras españolas y con el paso de los años se ha convertido en un símbolo que representa mucho más allá que el brandy ya que en el año 2005 una Juez de Sevilla absolvió a varios comerciantes que habían sido denunciados por el Grupo Osborne por utilizar el Toro sin autorización. El fallo del tribunal, entre otras cosas, dice:
"Aunque puede recordar a algunos el símbolo de una marca comercial, el primer impacto visual que produce es el de una atrayente silueta, superpuesta al entorno, que recrea la vista, rememora la Fiesta y destaca la belleza del fuerte animal".

2 comentarios:

Hermanita de la Caridad dijo...

Recuerdo mis interminables viajes a Madrid, cuando todavía se tardaban 8 horas, con un coche sin aire acondicionado. Siempre, ver el toro era una distracción que hacía algo más ameno el viaje, y que daba pie a alguna historieta.
Besos, Calle

Callejuelo dijo...

Sí que es cierto. Yo recuerdo estar muy atento cuando viajaba para Sevilla y verlo sobre el horizonte. Preguntándome si era realmente un toro vivo