jueves, 15 de febrero de 2007

Córdoba, Ciudad Patrimonio de la Humanidad

Más de 2.000 años contemplan la historia de esta ciudad. Romanos y musulmanes la eligen por capital engrandeciéndola como tal. Las diferentes culturas que a lo largo de los siglos se cruzan y encuentran en su solar la enriquecen y marcan definitivamente. La mezquita Aljama, con la catedral cristiana en su seno, coronan la joya que compone el blanco y abigarrado caserío de su conjunto histórico.
Estrechas y tortuosas calles nos llevan a descubrir los maravillosos monumentos con que las diferentes culturas, a modo de simbiosis perfecta, la han ido dotando. Por las mismas calles deambularemos y nos hallaremos con las silenciosas y reconditas plazas cordobesas, tan numerosas y diversas a la vez. Poco a poco iremos tropezando con una y otra de aquellas viejas tabernas aún existentes, que nos invitan a un alto en el recorrido para paladear el rico vino de la tierra, acompañandolo del correspondiente tapeo de las casas.
Estas calles nos iran asomando a lo que se considera como el "alma" de la Córdoba tradicional: los patios. Espacio principal de las casas, la vida cotidiana de sus vecinos gira en torno al mismo, siendo decorado y cuidado como el más valioso de sus tesoros.
El juego de luces y sombras tan propio, el permanente cantarín sonoro del agua de las multiples fuentes, y la sinfonia de olores y colorido con que la exhuberante vegetación invade las calles hacen de la visita a Córdoba una experiencia .

MEZQUITA DE CÓRDOBA
Se atribuye a la nostalgia de Abderramán por las mezquitas del califato de Damasco, donde pereció toda su dinastía. Así mismo, quiso manifestar el triunfo de su raza y agradecimiento a su fe.
En el 780 decide construir la mayor mezquita del mundo sobre la que fuera iglesia visigótica de San Vicente.
Los 23.400 m2 que ocupa la actual mezquita con casi medio millar de columnas y arcos superpuestos son obras parciales de su creador, Abderramán I, de Abderramán II, de Alhaken II y del mismo Almanzor, ya en el año 987. Está considerada como el monumento supremo del arte califal, y el fantástico bosque de columnas y arquerías de su interior es uno de los espacios más bellos que se han construido en una casa de oración. La orientación del Mihrab curiosamente, no lo está hacia la Meca.
En 1.253, en el centro de su conjunto, irrumpe en el centro de su alma musulmana una excelsa catedral cristiana. Unas piedras mueren para que otras nazcan.
Pocas obras de arte de esta magnitud presentan tanta confluencia artística como la mezquita cordobesa, donde aparecen yuxtapuestos al estilo califal, toda la aportación bizantina y medioriental y los elementos e influencias visigóticos e hispano-rromanos. Para comprobarlo basta entrar por la Puerta del Perdón, al norte, atravesar su decoración mudéjar, penetrar en la luminosa frescura del Patio de los Naranjos e introducirnos en la mezquita por la Puerta de las Palmas, de bello estilo plateresco. Y será sólo entonces cuando nos encontremos con la grandiosa arquitectura califal.
Este gran templo musulmán muestra su magnificencia por cualquier parte. Basten como ejemplos la cúpula octogonal central, ricamente decorada con mosaicos policromos; y decenas de singulares detalles que rematan el conjunto; el mihrab, o lugar a donde han de mirar los que oran, posee una deslumbrante decoración con mármoles labrados mosaico bizantino.

PUENTE ROMANO SOBRE EL GUADALQUIVIR
Compuesto por 16 arcos, ha sufrido muchas reformas y ha sido víctima de guerras y revueltas. Se cree que lo construyó el Emperador Augusto. En la mitad del puente se eleva una escultura al custodio de la ciudad, San Rafael, data de 1.65l. Siempre está llena de flores y velas, con motivo de las peticiones de los cordobeses devotos desde que en 1.648 se le atribuyera haber salvado a la ciudad de la gran epidemia de peste que la asoló.
La Puerta del Puente, también llamada Arco del Triunfo sustituye a la de la época romana y fue mandada construir por Felipe II en 1.572.

TORRE DE LA CALAHORRA
Fue mandada construir en 1.369 por Enrique II de Trastámara sobre una edificación musulmana. Hoy es sede del Instituto para el Diálogo de las Culturas. Contiene un museo audiovisual con distintos espacios y ambientes.

NORIA DEL MOLINO DE LA ALBOLAFIA

También conocido como de Kulaib, tiene una noria que ha sido reconstruida varias veces y que sirvió para elevar el agua del río hasta el Palacio de los Emires, actualmente Palacio Episcopal. Fue mandada construir por Abd al-Rahman I. Finalmente fue mandada detener por la Reina Isabel La Católica durante su alojamiento en el Alcázar, debido al ruido que producía.

EL ALCÁZAR DE LOS REYES CATÓLICOS
Es un edificio del carácter militar que fue construido de estilo gótico por orden de rey Alfonso XI. Aquí los reyes católicos residieron aproximadamente 8 años, durante el período de la reconquista española. Era aquí era donde recibieron a Cristóbal Colon antes de su viaje a las Américas. Ofrece una visión excelente de sus magníficos jardines, así como del puente romano sobre el que cruza el río de Guadalquivir. Como parte del complejo, tiene varias torres con los alojamientos que se cubren con los arcos acentuados, tales como la torre del homenaje o torre de los leones. También mantiene los baños, de la tradición del califato, situados debajo de los mosaicos de un gran salón que se utiliza hoy en día para celebrar bodas.

CALLES Y PATIOS DE CÓRDOBA
Las estrechas calles, retorcidos callejones y escondidas plazuelas, donde refulge la blancura de la cal, se oye el murmullo de las fuentes y luce por todas partes el granate de los geranios y las gitanillas, todo ello en un cálido clima, regalo de nuestros cinco sentidos.
El casco artístico de Córdoba, alcanzado por la Vía Augusta y el puente romano, enmarcado por fracciones de murallas y las aguas ocráceas del Guadalquivir, constituye un complejo retículo. La calleja de las Flores o cualquier rincón de la judería ofrece un encantador tipismo. Entre la blancura del enjalbegado, surgen los bronces y las piedras esculturales: el Maimónides de la Plazuela de Tiberiades o el Séneca de la Puerta de Almodóvar; o la Sinagoga, en el quiebro de unos muros enmacetados. Y junto a las murallas, seguidas por jardines y estanques, la albina escultura de Averroes, el otro gran filósofo cordobés.
Calles del Barrio de la Judería.- Barrio habitado en su día por los judíos españoles, de encantadoras y tortuosas calles nació aproximadamente en el Siglo I, pero vio su esplendor en el X con las academias Judías y de ahí que casi todo el movimiento cultural de la E.M. fuera cordobés. Cuna de poetas, filósofos y científicos cuyas calles rememoran su nombre.

Y en cualquier parte, tras cualquier puerta del histórico recinto, aparece el clásico patio cordobés, donde el agua llora, las flores salpican de sangre las paredes y la forja de sus ventanas, y las Cruces de Mayo viven, entre cante y guitarra, ese reír de la vida que aquí lleva cien veces mezclada la sangre confusa del mundo.
Los patios de Córdoba son una reminiscencia de la cultura romana adaptada a las extremas condiciones climatológicas de esta bella ciudad. Es una parte fundamental de la casa. Decorada con la blanca cal fuentes, pilones y flores son realmente una delicia en un clima tan caluroso.
Se daba en las casas que lo circundaban, una vida comunitaria compartiendo cocina, galería, lavaderos y por su puesto, el patio, cuyo esmerado cuidado, dio lugar a la tradicional fiesta de los patios.

El festival de los Patios Cordobeses
Se celebra después de la Cruces de Mayo. Hay un gran número de patios, pero sólo una pequeña cantidad de los mismos (unos cincuenta) se presenta al Concurso que durante este mes realiza el Ayuntamiento de Córdoba. Los patios cordobeses son muchos y variados: los pertenecientes a conventos, monumentos, palacios y los llamados patios populares, donde suelen vivir varias familias. No hay dos patios iguales: sus paredes blancas de cal, los jazmines y madreselvas, las numerosas macetas de geranios, gitanillas, alelíes, claveles y rosas; las parras y la hiedra formando arcadas naturales, los canarios y jilgueros en sus jaulas, los pozos, los cántaros, la pila, el candil,... deseará volver.

3 comentarios:

Hermanita de la Caridad dijo...

Recuerdo la primera vez que fui a Córdoba... que me escapé a aquel rincón del mundo. También recuerdo las horas y horas caminando entre sus calles, descubriendo sus encantos.
Gracias, Calle, por mostrarme esa ciudad mágica.
A esa visita le siguieron algunas más, y siempre geniales.
Besos

Anónimo dijo...

Uffff!!! No hace tiempo que no voy a Córdoba!! Tu te acuerdas que tu prima Reme y yo teníamos una visita pendiente??? A ver si coincidimos un finde ke nos venga bien a tos y vamos pa ya. Marijolamejo

La Criticona dijo...

Una maravilla de ciudad. Yo me quedo con la Plaza del Cristo de los faroles al atardecer y los alrededores morunos de la mezquita.